Tal vez por eso no se decidian a levantar la vista y mirarse mutuamente a los ojos.
Quizás los olores evoquen el privilegio de la invisibilidad. Antes del tacto, sucede el olor, como mensajero de una esencia que sabe desaparecer en el aire y ser agente de un gran poder. La seducción que despliega el olor es implacable: se instala en nosotros y sella su poderío en los tejidos de la memoria.
miércoles, 4 de febrero de 2009
Cuando llueve
Estoy viajando a algún lugar que intenta reparar las grietas por donde la lluvia suele entrar a humedecer los rincones de mi felicidad...entonces, no veo las cosas tan claras por que cuando llueve todo esta oscuro por las calles donde caminabas...
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