Tal vez por eso no se decidian a levantar la vista y mirarse mutuamente a los ojos.
Quizás los olores evoquen el privilegio de la invisibilidad. Antes del tacto, sucede el olor, como mensajero de una esencia que sabe desaparecer en el aire y ser agente de un gran poder. La seducción que despliega el olor es implacable: se instala en nosotros y sella su poderío en los tejidos de la memoria.
sábado, 28 de mayo de 2011
Amantes
Una flor no lejos de la noche mi cuerpo mudo se abre a la delicada urgencia del rocío.
No hay comentarios:
Publicar un comentario